Y sin querer queriendo El Rincón De Blas pretende convertirse en ese tugurio que las viejas critican en sus charlas del té de las cinco. ¡Que así sea!
En esta oportunidad quiero regar la rica historia del que merece el nombre de este rincón literario, sólo para que muchos de nosotros se regocijen con sus anécdotas, con los más célebres episodios de su vida debido a la pronta salida de la quinta parte de su saga en este afamado (obviamente el tamaño de esta ironía supera el del tupé del escritor que lo plasmó) recoveco de la red.
Hagamos un brevísimo repaso de la historia de nuestro desmembrador futbolista:
Parte 1:
Nacimiento del pequeño Blas en un pueblo al norte de la Argentina. Sus padres son traficantes de una poción que por razones higiénicas sólo los indígenas de la zona se atreven a consumir.
Primeros pasos de nuestro héroe en el deporte que lo catapulta a la gloria. Primeros rivales quebrados, primeras bajas de futuros talentos del fútbol mundial, primer record guiness por violencia a tan corta edad, primeros juicios, etc.
Viaje junto al indio Men-Nem al Paraguay.
Parte 2:
El niño llega a Paraguay y se une a las filas del Deportivo Gangrena, lugar donde conoce a su principal enemigo, el nativo Carachata, entrenador cargado de violencia y dolor, provocado por un desafortunado hecho mientras tocaba el oboe en un pequeño pueblo conservador al norte de Checoslovaquia. Las secuelas de esta triste experiencia fue un problema en el habla (tartamudo mal).
Primer y ultimo partido de Blas en el fútbol paraguayo, el indio lo saca del equipo por haber conseguido únicamente una tarjeta roja.
Viaje de Blas al Uruguay.
Parte 3:
Incorporación a filas aurinegras, donde consigue a los pocos partidos ganarse el cariño de la afición, de su presidente y el miedo de sus rivales. Nacimiento de la etapa Tinelliesca en Peñarol con la táctica “Pum para arriba” y el método defensivo patentado de los Titanes en el Catch.
El club uruguayo queda sorteado en el grupo de la muerte de la Copa Libertadores. Jorge Dasilveira critica duramente el juego de Peñarol y pronostica un futuro negro.
Parte 4:
Peñarol clasifica holgadamente la primera fase de la Copa, burlando todos los pronósticos y posicionándose en las finales, donde sorpresivamente también accede el Deportivo Gangrena del indio Carachata.
Exilio de Blas al África, donde se recluye en una tribu amante del martirio en zonas frágiles y depura una nueva patada “la come cantos”, que combina movimientos de capoeira y la danza clásica de Julio Boca.
Vuelta al Uruguay más preparado que nunca para enfrentarse ante su Némesis…
NO TE PIERDAS: EL GRAN BLAS. PARTE 5. QUINTUPLEMENTE CARGADA DE IRA!
Nota: Esta historia es la creación de una mente enferma, cualquier semejanza con hechos reales es pura coincidencia.Es una historia tributo al criminal más grande del balonpié. A pesar de ser producto de la imaginación a veces la realidad supera la ficción.
Me di cuenta que para tener un lugar realmente libre, tenía que desprenderme del viejo nombre de este blog. Es por eso que cambié El Rincón de Blas Giunta por El Nombre es lo de Menos. Un lugar donde quiero aprender a escribir sobre algo. No sé sobre qué, ojo. Capaz eso es un tema y todo.
martes, mayo 31, 2005
lunes, abril 11, 2005
El Gran Blas. Parte 4
Los medios chilenos daban como absoluta favorita a su comparsa, compuesta por un grupo de jugadores que más tarde se convertirían en representativos de su país por todo el mundo. Mientras tanto, horas antes del viaje hacia la cordillera, el equipo de Peñarol, con Trasante a la cabeza experimentaba un aluvión de buen toque, en el sentido literal; esa tarde en el entrenamiento ningún suplente salió caminando de la cancha. Pero faltaba algo, el poder ofensivo que cristalizó en otras épocas victorias históricas. Así, la formación comenzó una mutación que se detendría aquella noche en el estadio nacional de Chile con la ultra-defensiva-ofensiva-y-a veces-de-mediocampo-también: 8-1-1. La táctica era sencilla, dejar que el cuadro rival se confiara de la ineptitud de medio campo hacia delante que presentaba Peñarol y adelantara todas sus líneas; en ese momento y al grito del en aquellos tiempos juvenil Aguirregaray “¡Washasha!”, tal como un tropel de ganado enloquecido, todo el fondo debía subir a atacar. Tan eficaz era la táctica que evitaba los contragolpes porque no había un solo jugador que habilitara a los atacantes chilenos. Esa noche y las de los encuentros frente al Vasco da Gamma y el América, la historia hizo caso omiso al Toto DaSilveira y Peñarol ganó sus encuentros, dejando como goleadores a Dorta y Blas, el mediano, llamado en reconocimiento por tan valioso desempeño.
No todo fue color de rosa para el trivial jugador; con la alegría, llegó la noticia que el indio Carachata, ese blasfemo nativo que condenó el paso de Blas por el fútbol Paraguayo, estaba participando con el Deportivo Gangrena en el grupo A de la Copa Libertadores. Fue entonces que llegó a instancias decisivas un saldo pendiente en la vida del futbolista. Junto al nerviosismo que le generaba tener que verse cara a cara nuevamente con el nativo, una sed de revancha y dolor se gestaba en su ser, culminando en la reclusión voluntaria del mismo en una tribu africana amante del martirio a través de patadas en zonas frágiles, el mejor lugar del mundo donde pulir su nueva patada, “la come cantos”, que combinaba movimientos de capoeira y la danza clásica de Julio Boca.
Una semana después volvió totalmente renovado y más cargado de ira que nunca, listo para enfrentar al indio Carachata y todo su rebaño de paraguayos endemoniados.
No todo fue color de rosa para el trivial jugador; con la alegría, llegó la noticia que el indio Carachata, ese blasfemo nativo que condenó el paso de Blas por el fútbol Paraguayo, estaba participando con el Deportivo Gangrena en el grupo A de la Copa Libertadores. Fue entonces que llegó a instancias decisivas un saldo pendiente en la vida del futbolista. Junto al nerviosismo que le generaba tener que verse cara a cara nuevamente con el nativo, una sed de revancha y dolor se gestaba en su ser, culminando en la reclusión voluntaria del mismo en una tribu africana amante del martirio a través de patadas en zonas frágiles, el mejor lugar del mundo donde pulir su nueva patada, “la come cantos”, que combinaba movimientos de capoeira y la danza clásica de Julio Boca.
Una semana después volvió totalmente renovado y más cargado de ira que nunca, listo para enfrentar al indio Carachata y todo su rebaño de paraguayos endemoniados.
Esta historia continuará...
martes, abril 05, 2005
El Gran Blas. Parte 3
Cabía solamente una alternativa para el futuro anticristo del fútbol, ir a Uruguay y comenzar una carrera en algún club local. Así, una vez más emprendieron junto al indio Men-Nem el tedioso camino hacia aquel país. Durante el viaje se encontraron con otro nativo, que les enseño la forma más rápida de llegar, era en una balsa hecha de troncos, untada con excrementos de un extraño roedor que habitaba las cuevas de esa zona. Efectivamente tenía razón, las eses de la alimaña hacían deslizar la embarcación como un rayo por las corrientes del Paraná y en cuestión de horas llegaron al Uruguay.
El indio Men-Nem encontró en el nuevo país una oportunidad dorada para que el pequeño Blas demostrara de lo que era capaz y vio en Peñarol el equipo que lo llevaría a hacerlo realidad. Por aquellas épocas se hablaba realmente mal de una dupla que hacia las delicias de todo amante de Titanes en el Catch, eran Obdulio Trasante y el Topo Rosas. Hipotéticamente victimas de lobotomía que los habría dejado en un estado de conciencia casi animal, únicamente se detenían ante el silbato; su virulencia solo se comparaba a la de un tiburón en cautiverio alimentado con verduras.
En Peñarol el niño descubrió su hogar lejos de casa, un espacio donde poder pulir su execración por los jugadores habilidosos y un lugar donde se sentía rodeado de criaturas que tenían sus mismos ideales, el mismo amor por impulsar el balón hacia las alturas y golpear rivales de forma aleatoria.
Con el transcurso de los partidos Blas fue asentando su lugar como indiscutible defensa central, jugando junto a sus ídolos y muchas veces logrando actuaciones más destacadas, convirtiendo a Peñarol en una de las comparsas más peligrosas de la Copa Libertadores de aquellos años. El grupo asignado fue el E y los equipos que acompañaban eran el Vasco Da Gama, Universidad de Chile y América de Cali. Se le nombró “El Grupo de la Muerte”. Desde el periodismo, Jorge Da Silveira decía:
“Insisto, AH, esta murga de Peñarol, con su esquema de juego, con su apatía ofensiva, no va a llegar a ningún lado, AH, es el dilema del fútbol uruguayo amigos, ¿para que jugar a la pelota si la puedo sacar de la cancha de una patada, AH?
El presidente de Peñarol repondía de esta forma:
“Washasha, hay uuuna animosidad periodística contra nuestra gllloriossha institución, y Peñarol se va a encargar de demoshtrar que el fuchtbol uruguuayo no esta en su peor momento, washasha”
Es justo destacar la férrea mentalidad del guerrero aurinegro que hizo caso omiso de los comentarios ladinos de sus críticos y llevo adelante en aquel año una de las campañas más destacadas por la FIFA y la WWF (Federación Mundial de Lucha Libre).
Próximamente…
Escenas del Próximo Capítulo…
- Peñarol Vs. Universidad de Chile
- Una noticia escalofriante pondrá en cuestión la continuidad de Blas en la Copa.
…y mucho, mucho más.
El indio Men-Nem encontró en el nuevo país una oportunidad dorada para que el pequeño Blas demostrara de lo que era capaz y vio en Peñarol el equipo que lo llevaría a hacerlo realidad. Por aquellas épocas se hablaba realmente mal de una dupla que hacia las delicias de todo amante de Titanes en el Catch, eran Obdulio Trasante y el Topo Rosas. Hipotéticamente victimas de lobotomía que los habría dejado en un estado de conciencia casi animal, únicamente se detenían ante el silbato; su virulencia solo se comparaba a la de un tiburón en cautiverio alimentado con verduras.
En Peñarol el niño descubrió su hogar lejos de casa, un espacio donde poder pulir su execración por los jugadores habilidosos y un lugar donde se sentía rodeado de criaturas que tenían sus mismos ideales, el mismo amor por impulsar el balón hacia las alturas y golpear rivales de forma aleatoria.
Con el transcurso de los partidos Blas fue asentando su lugar como indiscutible defensa central, jugando junto a sus ídolos y muchas veces logrando actuaciones más destacadas, convirtiendo a Peñarol en una de las comparsas más peligrosas de la Copa Libertadores de aquellos años. El grupo asignado fue el E y los equipos que acompañaban eran el Vasco Da Gama, Universidad de Chile y América de Cali. Se le nombró “El Grupo de la Muerte”. Desde el periodismo, Jorge Da Silveira decía:
“Insisto, AH, esta murga de Peñarol, con su esquema de juego, con su apatía ofensiva, no va a llegar a ningún lado, AH, es el dilema del fútbol uruguayo amigos, ¿para que jugar a la pelota si la puedo sacar de la cancha de una patada, AH?
El presidente de Peñarol repondía de esta forma:
“Washasha, hay uuuna animosidad periodística contra nuestra gllloriossha institución, y Peñarol se va a encargar de demoshtrar que el fuchtbol uruguuayo no esta en su peor momento, washasha”
Es justo destacar la férrea mentalidad del guerrero aurinegro que hizo caso omiso de los comentarios ladinos de sus críticos y llevo adelante en aquel año una de las campañas más destacadas por la FIFA y la WWF (Federación Mundial de Lucha Libre).
Próximamente…
Escenas del Próximo Capítulo…
- Peñarol Vs. Universidad de Chile
- Una noticia escalofriante pondrá en cuestión la continuidad de Blas en la Copa.
…y mucho, mucho más.
miércoles, marzo 02, 2005
El Gran Blas. Parte 2
El camino hacia Paraguay fue arduo, el paisaje era denso, kilómetros cuadrados de selva se extendían hasta quién sabe donde. Aún más difícil sumando el hecho que el indio Men-Nem iba sobre un burro y delante, el diminuto Blas abriendo paso entre la maleza a patada limpia contra lo que se le interpusiera. El nativo observaba maravillado la inclemencia con la que el niño limpiaba del camino desde árboles y piedras hasta animales autóctonos de la zona. El viaje transcurrió sin problemas y ya en Paraguay se aprestaron a conseguir un equipo para el pequeño orate.
El primero que lo acogió fue el Deportivo Gangrena, por recomendación del indio Men-Nem que era un gran amigo de su entrenador, el nativo Carachata, un conocido contrabandista y violentador público que en un último vestigio de humanidad se volcó a la tarea de dirigir equipos de divisiones juveniles. De mal genio, no toda su vida se había dedicado a las actividades ilegales, todo comenzó después de un desafortunado hecho mientras tocaba el oboe en un pequeño pueblo conservador al norte de Checoslovaquia. Entre sus técnicas de entrenamiento se encontraban maniobras que serían libro de cabecera de los grandes torturadores y esquizofrénicos que ha dado el siglo XX como por ejemplo la “carretilla mohicana” y “el salto del Panda”, cosas que harían que Hitler se sonrojara y prefiriera abrir una Iglesia Episcopal en el centro de Berlín.
El primer partido fue una solemne carnicería, no pudo terminarse el primer tiempo por falta de jugadores de los dos equipos, unos por expulsiones, otros por lesión. Los contrarios estaban apilados a un lado de la cancha, gente de la tribuna se ofrecía a ayudar a los camilleros a cargar cuerpos, el indio Carachata orgulloso daba la mano a sus jugadores y una palmada en la espalda. Le dio la mano al pequeño Blas y dijo:
- Este es T-t-t-t-t-t-t-t-Tú p-p-p-primer y u-u-último partido nene, una simple roja, esperaba que te s-s-s-ssss-sacara la policía como a tus compañeros. – (era medio tartamudo, quedó así después de aquel incidente en Checoslovaquia…)
- Garsh Garsh, Mraur mrac – dijo Blas (…)
- Pero no t-t-t-te pongas mal, te voy a dar a elegir, te mando al equipo de mi primo Tony que va último en la tabla y es ejemplo de honestidad y Fair Play o te mando a Peñarol allá en Uruguay, a-a-aaaa, aaaaaaaahi vas a andar fenómeno, solo los expulsan a los jugadores sucios, no los linchan frente a la iglesia como acá. –
- Gruau Gruau!!!! – daba la impresión que la noticia no le había caído bien…
- Te e-e-e-eexplico. No servís para este c-c-c-c-cuadro, ya estoy lleno de jugadores como vos. O te vas a lo de Tony o a Peñarol, yo a-a-acá no te quiero. – mientras decía esto el resto del equipo se reía descontroladamente del niño. Hay que decir que Blas era mucho más pequeño que sus compañeros, tenía apenas 10 años y sus compañeros 14. El potencial era incalculable...
- Crancuac, guacuc – (hagamos de cuenta que esto es traducible, que diría? = “¡Oh vil ser, mi vida pende de un hilo de tul que has dejado mecer sobre llamas, oh vil habitante autóctono de este lugar. Te prometo una gran venganza, tan grande como cien tormentas de arena!”)
Una vez más el pequeño Blas se enfrenta con una dura decisión, establecerse en Paraguay y aprender lo que es un off-side, una pared, una gambeta o irse al Uruguay a depurar su técnica, para luego cobrar venganza al indio Carachata.
- Opción (A) Para que Blas se quede y se convierta en un jugador de fútbol.
- Opción (B) Para que Blas se vaya a Peñarol y siga desconociendo lo que es ser un jugador pero depure su técnica forestal y conozca nuevos amigos.
El primero que lo acogió fue el Deportivo Gangrena, por recomendación del indio Men-Nem que era un gran amigo de su entrenador, el nativo Carachata, un conocido contrabandista y violentador público que en un último vestigio de humanidad se volcó a la tarea de dirigir equipos de divisiones juveniles. De mal genio, no toda su vida se había dedicado a las actividades ilegales, todo comenzó después de un desafortunado hecho mientras tocaba el oboe en un pequeño pueblo conservador al norte de Checoslovaquia. Entre sus técnicas de entrenamiento se encontraban maniobras que serían libro de cabecera de los grandes torturadores y esquizofrénicos que ha dado el siglo XX como por ejemplo la “carretilla mohicana” y “el salto del Panda”, cosas que harían que Hitler se sonrojara y prefiriera abrir una Iglesia Episcopal en el centro de Berlín.
El primer partido fue una solemne carnicería, no pudo terminarse el primer tiempo por falta de jugadores de los dos equipos, unos por expulsiones, otros por lesión. Los contrarios estaban apilados a un lado de la cancha, gente de la tribuna se ofrecía a ayudar a los camilleros a cargar cuerpos, el indio Carachata orgulloso daba la mano a sus jugadores y una palmada en la espalda. Le dio la mano al pequeño Blas y dijo:
- Este es T-t-t-t-t-t-t-t-Tú p-p-p-primer y u-u-último partido nene, una simple roja, esperaba que te s-s-s-ssss-sacara la policía como a tus compañeros. – (era medio tartamudo, quedó así después de aquel incidente en Checoslovaquia…)
- Garsh Garsh, Mraur mrac – dijo Blas (…)
- Pero no t-t-t-te pongas mal, te voy a dar a elegir, te mando al equipo de mi primo Tony que va último en la tabla y es ejemplo de honestidad y Fair Play o te mando a Peñarol allá en Uruguay, a-a-aaaa, aaaaaaaahi vas a andar fenómeno, solo los expulsan a los jugadores sucios, no los linchan frente a la iglesia como acá. –
- Gruau Gruau!!!! – daba la impresión que la noticia no le había caído bien…
- Te e-e-e-eexplico. No servís para este c-c-c-c-cuadro, ya estoy lleno de jugadores como vos. O te vas a lo de Tony o a Peñarol, yo a-a-acá no te quiero. – mientras decía esto el resto del equipo se reía descontroladamente del niño. Hay que decir que Blas era mucho más pequeño que sus compañeros, tenía apenas 10 años y sus compañeros 14. El potencial era incalculable...
- Crancuac, guacuc – (hagamos de cuenta que esto es traducible, que diría? = “¡Oh vil ser, mi vida pende de un hilo de tul que has dejado mecer sobre llamas, oh vil habitante autóctono de este lugar. Te prometo una gran venganza, tan grande como cien tormentas de arena!”)
Una vez más el pequeño Blas se enfrenta con una dura decisión, establecerse en Paraguay y aprender lo que es un off-side, una pared, una gambeta o irse al Uruguay a depurar su técnica, para luego cobrar venganza al indio Carachata.
- Opción (A) Para que Blas se quede y se convierta en un jugador de fútbol.
- Opción (B) Para que Blas se vaya a Peñarol y siga desconociendo lo que es ser un jugador pero depure su técnica forestal y conozca nuevos amigos.
viernes, febrero 25, 2005
El Gran Blas. Parte 1
Hace algún tiempo, en algún lugar al norte de la Argentina nacía un niño que sus padres llamaron Blas. Como la mayoría de las familias que habitaban esas latitudes, la familia Giunta era pobre y se mantenía dentro de un nivel aceptable de calidad de vida gracias a la venta de estupefacientes a los indígenas que habitaban la zona. No es que sólo le vendían a los indios, el resto de la población sabía muy bien la clase de ingredientes secretos que contenía la poción de los Giunta, razón suficiente para preferir inhalar vapores fecales de una Yarará en celo antes que probarla.
El pequeño Blas creció ignorante respecto a la situación laboral de sus padres, digamos que no era un niño muy listo ya que no podía entender porque los indígenas que entraban a su casa salían haciendo “paro de manos” minutos después; prefirió dedicar su infancia (y más tarde su vida) a explotar el don que Dios le dio, una pierna derecha con poca sensibilidad y aún menos articulaciones. Pasó poco tiempo para que se convirtiera en toda una celebridad por aquel lado del mundo, lo llamaban “Blas, el Bárbaro” o “Guiness Blas” porque había batido el record de expulsiones en el baby fútbol local. Quien sabe cuantas futuras carreras de futbolista profesional el pequeño Blas contribuyó a dejar en el anonimato. Lo cierto es que no todo en la vida es la fama y al poco tiempo ya nadie quería jugar con la promesa rústica del pueblo. Fue un momento duro para el niño, pasó meses sin jugar, sin sentir el “crack” de un hueso roto, los gritos de agonía, los padres al costado de la cancha con los ojos llorosos viendo como sus hijos son apaleados.
Una mañana, mientras el niño practicaba nuevos fouls contra una viga de hierro, su padre y un indígena se le acercaron.
- Hijo, te vas a Paraguay a jugar al fútbol – dijo el padre.
- Arggg, Garshhh, Slurppp – dijo, (El pequeño Blas nunca aprendió a hablar)
- Si hijo, acá mi amigo el indio Men-Nem me prometió que va a hacer de vos un gran jugador de fútbol y allá en Paraguay están los mejores – (En realidad el padre de Blas tampoco era muy listo, solo un inepto podía creer semejante cosa)
Y así fue como la vida del pequeño comenzó a cambiar y de la mano del indio Men-Nem emprendió el viaje rumbo a Paraguay…
Continuara…
El pequeño Blas creció ignorante respecto a la situación laboral de sus padres, digamos que no era un niño muy listo ya que no podía entender porque los indígenas que entraban a su casa salían haciendo “paro de manos” minutos después; prefirió dedicar su infancia (y más tarde su vida) a explotar el don que Dios le dio, una pierna derecha con poca sensibilidad y aún menos articulaciones. Pasó poco tiempo para que se convirtiera en toda una celebridad por aquel lado del mundo, lo llamaban “Blas, el Bárbaro” o “Guiness Blas” porque había batido el record de expulsiones en el baby fútbol local. Quien sabe cuantas futuras carreras de futbolista profesional el pequeño Blas contribuyó a dejar en el anonimato. Lo cierto es que no todo en la vida es la fama y al poco tiempo ya nadie quería jugar con la promesa rústica del pueblo. Fue un momento duro para el niño, pasó meses sin jugar, sin sentir el “crack” de un hueso roto, los gritos de agonía, los padres al costado de la cancha con los ojos llorosos viendo como sus hijos son apaleados.
Una mañana, mientras el niño practicaba nuevos fouls contra una viga de hierro, su padre y un indígena se le acercaron.
- Hijo, te vas a Paraguay a jugar al fútbol – dijo el padre.
- Arggg, Garshhh, Slurppp – dijo, (El pequeño Blas nunca aprendió a hablar)
- Si hijo, acá mi amigo el indio Men-Nem me prometió que va a hacer de vos un gran jugador de fútbol y allá en Paraguay están los mejores – (En realidad el padre de Blas tampoco era muy listo, solo un inepto podía creer semejante cosa)
Y así fue como la vida del pequeño comenzó a cambiar y de la mano del indio Men-Nem emprendió el viaje rumbo a Paraguay…
Continuara…
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