miércoles, marzo 02, 2005

El Gran Blas. Parte 2

El camino hacia Paraguay fue arduo, el paisaje era denso, kilómetros cuadrados de selva se extendían hasta quién sabe donde. Aún más difícil sumando el hecho que el indio Men-Nem iba sobre un burro y delante, el diminuto Blas abriendo paso entre la maleza a patada limpia contra lo que se le interpusiera. El nativo observaba maravillado la inclemencia con la que el niño limpiaba del camino desde árboles y piedras hasta animales autóctonos de la zona. El viaje transcurrió sin problemas y ya en Paraguay se aprestaron a conseguir un equipo para el pequeño orate.
El primero que lo acogió fue el Deportivo Gangrena, por recomendación del indio Men-Nem que era un gran amigo de su entrenador, el nativo Carachata, un conocido contrabandista y violentador público que en un último vestigio de humanidad se volcó a la tarea de dirigir equipos de divisiones juveniles. De mal genio, no toda su vida se había dedicado a las actividades ilegales, todo comenzó después de un desafortunado hecho mientras tocaba el oboe en un pequeño pueblo conservador al norte de Checoslovaquia. Entre sus técnicas de entrenamiento se encontraban maniobras que serían libro de cabecera de los grandes torturadores y esquizofrénicos que ha dado el siglo XX como por ejemplo la “carretilla mohicana” y “el salto del Panda”, cosas que harían que Hitler se sonrojara y prefiriera abrir una Iglesia Episcopal en el centro de Berlín.
El primer partido fue una solemne carnicería, no pudo terminarse el primer tiempo por falta de jugadores de los dos equipos, unos por expulsiones, otros por lesión. Los contrarios estaban apilados a un lado de la cancha, gente de la tribuna se ofrecía a ayudar a los camilleros a cargar cuerpos, el indio Carachata orgulloso daba la mano a sus jugadores y una palmada en la espalda. Le dio la mano al pequeño Blas y dijo:
- Este es T-t-t-t-t-t-t-t-Tú p-p-p-primer y u-u-último partido nene, una simple roja, esperaba que te s-s-s-ssss-sacara la policía como a tus compañeros. – (era medio tartamudo, quedó así después de aquel incidente en Checoslovaquia…)
- Garsh Garsh, Mraur mrac – dijo Blas (…)
- Pero no t-t-t-te pongas mal, te voy a dar a elegir, te mando al equipo de mi primo Tony que va último en la tabla y es ejemplo de honestidad y Fair Play o te mando a Peñarol allá en Uruguay, a-a-aaaa, aaaaaaaahi vas a andar fenómeno, solo los expulsan a los jugadores sucios, no los linchan frente a la iglesia como acá. –
- Gruau Gruau!!!! – daba la impresión que la noticia no le había caído bien…
- Te e-e-e-eexplico. No servís para este c-c-c-c-cuadro, ya estoy lleno de jugadores como vos. O te vas a lo de Tony o a Peñarol, yo a-a-acá no te quiero. – mientras decía esto el resto del equipo se reía descontroladamente del niño. Hay que decir que Blas era mucho más pequeño que sus compañeros, tenía apenas 10 años y sus compañeros 14. El potencial era incalculable...
- Crancuac, guacuc – (hagamos de cuenta que esto es traducible, que diría? = “¡Oh vil ser, mi vida pende de un hilo de tul que has dejado mecer sobre llamas, oh vil habitante autóctono de este lugar. Te prometo una gran venganza, tan grande como cien tormentas de arena!”)


Una vez más el pequeño Blas se enfrenta con una dura decisión, establecerse en Paraguay y aprender lo que es un off-side, una pared, una gambeta o irse al Uruguay a depurar su técnica, para luego cobrar venganza al indio Carachata.

- Opción (A) Para que Blas se quede y se convierta en un jugador de fútbol.
- Opción (B) Para que Blas se vaya a Peñarol y siga desconociendo lo que es ser un jugador pero depure su técnica forestal y conozca nuevos amigos.