jueves, noviembre 02, 2006

Curtis



Hay temas en la vida que deberían terminar como en las películas que sirvieron para entretenerme en la infancia y más adelante: con una reberenda y recontrapelotuda explosión. Por una cuestión simplemente de practicidad. No tengo más ganas de lidiar con esto, ok, cargo el perimetro con explosivos y ¡BOOOOOOOOOOOOM!. Después meo en las cenizas o alguna cosa que haría el villano de esa misma pelicula berreta.
Las nenas aman al villano, eso es una verdad universal. El bueno gana porque existe un ideal de justicia que si no estuviera presente en la película sería todo un kilombo. A todos nos gusta ser el bueno y el sorete a la vez. Es como un delicado equilibrio que nos hace parecer interesantes a los ojos de alguien. Ser solamente el Bueno es como que te digan, "Sos un boludo". Es triste y cierto a la vez. A la gente le gusta creer que ese "bueno" camina por la tierra, pero no lo quiere al lado, simplemente porque sufre demasiado para conseguir cosas, es todo mucho más fácil con una escopeta. Es genial y a la vez... no.
Simplemente no sé lidiar con terminos medios y con el caretaje encubierto que surge a raiz. Es casi tan plástico como el explosivo que sirve para dinamitar todo, tal vez sea la ironía del asunto. Es genial y a la vez... no.
Es como cuando eras chico y armabas alguna cosa medio producida con Legos. Después de horas te daba lastima volarla a la mierda, pero lo terminabas haciendo, porque ya lo habías disfrutado y no tenía sentido aburrirse viendo algo que aprendiste a querer como divertido. Después extrañás a esa misma estructura, solo por el hecho que ahora tenés que armar otra y no tenés ganas de invertir tiempo en eso o te apresuraste en patear los ladrillitos contra la pared o simplemente sos un tarado/a y te gusta extrañar cosas. Yo ando en el límite que me remite a la lógica como escudo defensor. Es como el impermeable que me pongo cuando hay algo que me está mojando y me entra a poner incomodo. La diferencia con cualquier cosa antes citada es infima, podría ser cualquiera de ellas también.
De chico era de hacer mucho esas cosas. Por ahí me pasaba el día entero armando el edifico más perfecto, para estar jugando una fracción de tiempo y terminar volandolo al carajo. Si hay algo que admiro es la paciencia y la dedicación que tenía/tengo para armar aquellas cosas. Cualquier otro pibe se hubiera conformado con un cuadrado con ventanas, yo tenía que armar hasta el último detalle y planearlo todo cuidadosamente. Y el resultado era mágico, porque lo que tenía en la cabeza tenía ya forma. Idealizar a su vez está mal, muchas veces queremos ver algo más que un cuadrado con ventanas.
A los ladrillos que quedaban tirados en el piso los veía con nostalgia, pero con la sensación de que eso eventualmente iba a tener otra forma que iba a aprender a querer, porque cuando no hay cambios... siempre hay un niño dispuesto a volar cosas. ¡BOOM!


Tema: Babasónicos - Curtis